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DESDE MI BALCÓN NATALINO: QUINCHOS RECESIVOS

Escribe: Ramón Arriagada

 

Lo que  ha sucedido por estos días en Puerto Bories, no puede dejar indiferente a nadie.  El cierre del viejo matadero, ha dado paso a problemas de encarecimiento y desabastecimiento de la  carne, producto básico del consumo patagónico.  Hay un compás de espera en los quinchos natalinos; no habrá humos al norte y los parrilleros tendrán que entrar a un receso no esperado.


¡Vamos a celebrar el Bicentenario de Chile con asados de carne brasileña!, me sugiere un conocido chef de la plaza.

 

 

 

 

 

 

No me gustó la respuesta del Alcalde que anduvo en la capital  pidiendo se normalicen las cosas respecto del Matadero. Dice haber permanecido, una hora,  junto al Gobernador, conversando con una autoridad  central e influyente en el tema. El poco solidario funcionario santiaguino, flacuchento y ojeroso, comedor empedernido de platos colación, poco sabe  o se imagina,  una parrillada con  chiquillos trayendo leña,  vecinas gordas haciendo chimichurri y  parrilleros rubicundos y sudados tomando vino en bota.

Es evidente de parte del Alcalde Paredes, una pérdida de impetuosidad frente a este tema. No es el mismo corazón valiente pidiendo hospital nuevo para la ciudad.  El pastelero me  confidencia.. “parece que estuviera con freno de mano”.

El Comité Productivo anuncia viaje a Santiago, patrocinados por parlamentarios; piensan hablar con el mimísimo Presidente Piñera.  Existe una alta probabilidad que les vaya bien.  “Si el  Presidente echó p`atrás una  termoeléctrica, no dudamos que cuando sepa que en Natales no hay carne se va a indignar”,  me asegura un dirigente vecinal.

Hay consenso, que es difícil para un inversionista privado pensar en construir un nuevo Matadero para Puerto Natales.  Las exigencias sanitarias y de construcción encarecen los costos y hacen difícil el retorno de la plata invertida.  Al lado del  Matadero boriense, comienza a construirse un hotel, que será un orgullo para la hotelería regional, dicen sus principales inversionistas,  la familia Sahli- Lecaros.

Los 13 millones de dólares que se invertirán en el Hotel, jamás llegarán de  privados para construir obras en beneficio para la población natalina, como un matadero o un hospital.  Ya ha sucedido en otros lugares del orbe, donde los grandes inversionistas han fijado su atención para  construir grandes centros receptores de turismo. Los nativos del lugar van notando un desequilibrio en la vida local. El conflicto actual,  la imposibilidad de  convivir cercanos el hotel elegante con  un subdesarrollado matadero, puede ser  premonitorio.

Vendrán  nuevos conflictos,  desgraciadamente, estos, jamás  aparecieron  en nuestros sueños pioneros.