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DESDE MI BALCON NATALINO: NUESTRA PATAGONIA LEJANA Y PROFUNDA

Escribe: Ramón Arriagada

 La semana pasada no ocupé  este espacio escrito. Ello, porque después de muchos años cumplimos el anhelo con mi esposa de  materializar un recorrido, elegido por nosotros,  que denominaré  “ La Patagonia en siete días”. 

 El transbordador nos entrega la posibilidad de  dejarnos  el vehículo en Puerto Montt.   Luego un viaje por el camino más hermoso que jamás haya recorrido  en Chile, aquel  que alternativamente une Frutillar con Osorno; son kilómetros donde lo predominante en esta época es el verdor de los campos y  el estruendo amarillo de los aromos. Miles de vacas lecheras  rumiando, esperando que a sus propietarios les resuelvan los avatares cambiarios del dólar.

Osorno no tiene hoteles, pese a ser el punto de partida  para quienes quieren atravesar por el paso  integración  Cardenal Samoré,  para llegar a la provincia de Río Negro y sus  atractivos turísticos emblemáticos.  Mencionar Villa Angostura, San Martín de los Andes  y Bariloche es hablar de turismo receptivo  con sello de excelencia.

 

Todo es reiterativo para el turista, llegándose a la majadería  en cuanto a la satisfacción de  su afán aventurero. ¡ Usted ha viajado y sus sueños se han cumplido,  usted  ha llegado a la  Patagonia!.  Es tan convincente el mensaje directo y subliminal, manejado inteligentemente por los gestores del turismo trasandino, que atrapa y convence al visitante desapercibido.

 

 El viajero vive en esos lugares la experiencia de estar en la Patagonia; ese flujo turístico no llega a nuestros territorios.  Factor no tenido en cuenta por nuestros promotores , que insisten en mensajes ya no valederos,  de insistencia a que nosotros  somos la verdadera  Patagonia;  pretendiendo que obnubilados turistas sigan bajando dos mil kilómetros sin siquiera tener caminos propios para traerlos.

 

En Esquel, un pueblito cordillerano, vecinos  a Aysen,  sostienen tener atractivos para “vender  ilusión y fantasía”;  una publicación del lugar  tiene como consigna “No hay creatividad sin investigación”.  Puedo afirmar sin equivocarme que fue la única ciudad de las visitadas, fuera del epicentro argentino de la Patagonia,  donde hay preocupación, espontánea  y emergente por el turismo  a partir de la  participación ciudadana.

 

Al regreso el convencimiento pleno, que ha llegado la  hora de  cambiar el objetivo de visita  para nuestros potenciales visitantes.  Difícil tarea  será  invitarlos a venir a la Patagonia Extrema, a la Patagonia Lejana,  a la Patagonia Profunda.