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DESDE MI BALCON NATALINO: NUESTRA PATAGONIA LEJANA Y PROFUNDA

POR: Ramón Arriagada 

 (2ª Parte)

En esta columna, la semana pasada hacía mención a mi vuelta por la  Patagonia argentina en un afán turístico, pero siempre con el ojo de un observador dispuesto a rescatar experiencias.

 

En mi comentario dejaba claramente establecido que en  el triángulo  turístico  formado por Angostura ( El Jardín de la Patagonia”), San Martín de los Andes ( “ Un pañuelito perfumado en la Patagonia”) y Bariloche ( “ Capital de la Patagonia”) se ha articulado una red infranqueable dedicada a   convencer al  turista desapercibido o “ de paquete”  que hasta ahí nomás  llega la Patagonia.  

Hace cuarenta años atrás, los turistas y viajeros,  visitaban  Bariloche y sus alrededores en forma espontánea. Hoy los flujos de visitantes son una mercancía, a los cuales los  grandes operadores le ponen  un precio.  En los  hoteles de muchos pisos pululan muchachitos que han llegado al lugar en gira de estudios. Todo es de ellos.  Ya los hoteles  no son lugares de descanso para el viajero; si no de algarabía  para el desenfreno de quienes celebran -como argentinos - su paso a otra etapa de sus vidas. Bien por ellos. No bienvenidos por la comunidad local, y lo confiesan.

 

 

 Bajando hacia el sur, donde el montaje turístico armado en Bariloche,  hace creer que la Patagonia se destiñe y es otro territorio, destaco la persistencia de  Esquel y  Puerto Madryn. Ambos lugares han sabido romper, en parte, con ese gran enemigo del turismo, que es la estacionalidad.  En Madryn gracias al  paraje monumental e inigualable de sus ballenas de invierno. En Esquel,  la importancia que han adquirido sus  centros de sky; experiencia  repetible y copiable en Puerto Natales.

 

No quiero ser injusto, pero es evidente que desde Trellew al sur, por la costa atlántica argentina, se ha ido desvaneciendo la vocación turística de sus comunidades;

 además no han caído en las miradas escrutadoras de los grandes operadores que ejecutan los montajes y masifican el turismo. Comodoro  y  Caleta Olivia por el petróleo,  no les urge  recibir visitantes.

 

El hermosísimo Puerto Deseado, San Julián y  Puerto Santa Cruz , languidecen ante la falta de sustento del aparato estatal, ello por  haberse atrevido a negarle apoyo al  poder  kitchneriano en sus propios territorios.

 

 En el regreso a casa, constatar que las carreteras argentinas  muestran las evidencias de una poco diligente conservación. Confieso, sentimientos de culpa al recorrerlas en tal estado.  Nuestra región-isla, ha hecho uso y abuso de ellas; recién los compensaremos a regañadientes con los caminos en Tierra del Fuego.