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DESDE MI BALCON NATALINO: LA JOVEN GUARDIA DE KIRCHNER


    

Escribe:   Ramón Arriagada

 

Un conversador amigo argentino, elogia a los chilenos por lo del rescate de los mineros, según él somos lo máximo en organización y obediencia. A renglón seguido,  en un estilo muy típico del  ciudadano trasandino medio, comienza a desprestigiar a sus políticos y dirigentes sociales.

 

A mi interlocutor,  informado y locuaz, le pido me aclare una gran interrogante a propósito de la partida de Néstor Kirchner.  Le confieso, he quedado muy impresionado por la cantidad de jóvenes,  que devotamente acompañaron todo el ritual de despedida del ex mandatario.

Veo en el exceso de gesticulación de mi informante y en  la típica respuesta tanguera,  una sin respuesta.  Carece de argumentación racional para el fenómeno.  Luego, giramos la conversación hacia datos informales de nuestra vida diaria. En la despedida, el muy  gauchesco, me dice que los jóvenes argentinos no saben que “más enseñan los desengaños que los años”.

 

Es posible haya dos Néstor Kirchner. El que conocimos en Santa  Cruz, el de la política provinciana,  matufiento, bueno para pasar el platillo y  nepotista.  El otro, el estadista instalado en Buenos Aires, proveniente de una lejana provincia sureña,  legitimado apenas por el 22 por ciento del electorado argentino, enfrentado al desafío de pasar a la historia,  imitando  a su manera al líder natural Juan Domingo Perón.

 

El Kirchner de la transición, a ese que los “descamisados” querían ver  combatiendo contra los fantasmas de la dictadura. Mientras en Chile los añorantes pinochetistas daban lugar a  boinazos y  ejercicios de enlaces;  “Lupo” con su  figura quijotesca desafiaba a las jerarquías ordenando sacar  de las galerías militares  a los Galtieris y Videlas.

 

 

Mientras en Chile los gobernantes concertacionistas, obedeciendo a premisas libre-mercadistas, viajaban por el mundo firmando tratados de libre comercio con China, Malasia,  Indonesia, Singapur y cuanto otro  que con sus productos reventara a la industria nacional,  convencidos que del “vecindario” había poco  que aprender.  El santacruceño, se jugaba por afianzar y articular  la unidad económica y política del continente, con avances dignos de ser reconocidos.

  

Me pregunto  ¿Aparecerá en Chile el político capaz  de reencantar a los jóvenes con el  futuro del país?  Cariño por el líder, que llevó a un joven argentino a exteriorizar su estado de ánimo en la despedida, diciendo… “es como ese amor del secundario, que no olvidas jamás”