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DESDE MI BALCON NATALINO: LOS OTROS JOVENES NATALINOS; NUESTROS PEQUEÑOS MUSICOS

Escribe: Ramón Arriagada

 

 

 El domingo pasado se presentó en su  “examen anual” de eficiencia,  la  Sinfónica del Liceo Monseñor Fagnano bajo la dirección de dos  entusiastas músicos,  los profesores Daniel  Rebolledo y  Jorge González.  Al llegar a la acogedora capilla  salesiana, me llamó la atención la alta concurrencia de público. Cuestión inusual para este tipo de presentaciones en una ciudad, como la nuestra, donde se escucha música  selecta  algunas poquitas horas en  Semana Santa.

Destaco esta presentación  musical, porque al   grupo de pequeños músicos los he visto desde su estreno, hará ya dos años, cuando torturaban con sus instrumentos la memoria de los grandes maestros de la música.  Siempre les pronostiqué un muy buen futuro. Lo tenían todo: profesores comprometidos y entusiastas, apoderados entregados y sometidos a esta nueva afición de sus hijos por una música desconocida.  Los éxitos futuros eran  pronosticables, ya que estaban bajo el alero de la congregación  de los salesianos.

 

Estoy convencido que los seguidores de Don Bosco, tienen  intrincados códigos para producir buenos músicos.  Leyendo la extensa literatura sobre la Misión  de la Isla Dawson,  fundada  para recoger a los indios onas que  perturbaban las labores ganaderas del gran latifundio en Tierra del Fuego, me encontré con Don Pistone.  Este barbudo ayudante de la obra salesiana, agrupaba a los niños y jovencitos  indios  huérfanos en una banda instrumental. Debe haber sonado lindo en las soledades de la isla prisión. Todo esto a comienzos del siglo pasado.

 

 

Guardo una  hermosa colección de fotos de esa Misión Salesiana  en Dawson,  su instalación significó contribuir inconcientemente, al término de los aborígenes australes. Me imagino la pena de don Pistone cuando tenía afiatadita su banda, ver partir a muchos  de sus pequeños músicos al mas allá. Eran  víctimas de enfermedades del hombre blanco, para las cuales carecían de defensas.

 

Los niños-músicos que  escuche con agrado el domingo, estaban apenados  pues muchos de los integrantes egresaban de  Enseñanza Media y debían marchar por destinos inciertos. Pero el ser músicos de excelencia, les abre perspectivas  de estudio y trabajo, de calificación superior a la de muchos egresados de Enseñanza Media.

 

 Estoy seguro que  estos nuevos músicos, han escuchado de sus maestros, que ellos son productos semi-elaborados, pero también, que el saber poco  obliga a mucho.