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DESDE MI BALCON NATALINO: ENTRE BARRICADAS Y PIQUETEROS

ESCRIBE: Ramón Arriagada

 

                    Hace diez días no leo un diario de  papel.  Pensaba vivir  la fiesta de civilidad que llamé en un artículo anterior “La primavera de Magallanes”, pero los estrategas del movimiento,  resolvieron  que los natalinos, debíamos  sufrir la incomunicación con el mundo exterior.  Un autocastigo y autoflagelamiento,  que nos hemos visto en la obligación de aceptar,  en nombre de los  nobles intereses ciudadanos.  El cerco y las barricadas,  se ha convertido en un acto de violación, donde los natalinos no hemos tenido opción de decidir.

Ha sido un inopinado exilio. No puedo evitar recordar  entre mis lecturas   “La Peste”  de Albert Camus, cuando  imaginariamente el autor, localiza  en la ciudad de Orán un contagio de fiebre bubónica transmitido por una plaga de ratas.  Todos los habitantes deben quedar encerrados, en cuarentena, en los límites de la ciudad. Todos aceptan la restricción de movimientos por un bien superior.  Interesante lectura,  si logra  romper el cerco y salir de vacaciones consiga “La Peste”. Reemplace la peste por “No al alza del gas” y  métase en el libro, para vivir en la fantasía, lo que  hemos vivido en estos días.

 

  Es tan  imperceptible  la raya que separa  nuestro mundo fantástico  con la realidad, que me pareció increíble,  ver a pocas cuadras de mi casa, en una  de las vilipendiadas escuelas públicas,  un auténtico campamento de refugiados  bajo el alero de la Cruz Roja Internacional.  Desde mi sitiada  ciudad natalina,  se elevaban aviones de nuestra Fuerza  Aérea  materializando un puente aéreo, evacuando turistas,  evento cumplido exitosamente, pero al cual los sitios Web no le han dado  relevancia.

 

 En el rescate de Entebbe ( Uganda) en el año 1976 fueron rescatados 246 rehenes, israelitas en su mayoría y la acción fue motivos de películas y reportajes.  Claro,  que fue  un rescate sin treguas a  la manera de los  descendientes de  David. Pero los rehenes  rescatados  aquí  fueron tres mil, que  eran  llevados al aeropuerto con  vistosas banderas de la  Cruz Roja y registrados en las barricadas por estrictos comisarios del pueblo.

 

 

Mi buen corazón me obligó a colaborar en una “ventana humanitaria”, transportando turistas desde la Escuela 3 hasta la frontera con Río Turbio (Argentina).  Eran cinco jovencitos israelitas, que  me agradecían por llevarlos, hasta cantaban al salir de la ciudad sitiada. Al llegar al punto de control donde estaba el  Piquete del  Regimiento, nuestra marcha fue lenta, era tal la confusión y el paisaje, que insinué una  aseveración que consideré  graficaba el momento… “Amigos, vamos a pasar ahora por la Franja de Gaza”.  El mutismo de mis pasajeros se hizo evidente y en la despedida  de la frontera  sólo un agradecimiento formal.  

 

Recomendación:   piensa mucho, habla  poco  y escribe menos.