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DESDE MI BALCON NATALINO: REFLEXIONES SOBRE LA ESCRITURA

Escribe: Ramón Arriagada

 

                          Hace cinco años, terminé con mucho empeño mi primer libro “Juan Ladrilleros, el navegante olvidado”.  Yo había escuchado aquello  que uno “debe empezar a escribir cuando ha terminado de leer”.   Para quienes no lo sepan,  el navegante Ladrilleros, era español y llegó a Chile con  el gobernador don García Hurtado de Mendoza.  Ello ocurría en  1557.

 

                         Lo concreto es que Juan Ladrilleros, viajó hacia el  sur y en la búsqueda del  paso bioceánico,  en los laberintos de los canales, ingresó equivocadamente  en enero del año  1558, hacia lo que hoy es Ultima Esperanza.  Pero luego sigue su navegación llegando a un punto del Estrecho, donde toma posesión del lugar en nombre del Virrey del  Perú y del Gobernador de Chile. El día memorable es el 9 de agosto de 1558. 

 Siendo muy riguroso,  debiera ser Ladrilleros, reconocido como quien ejecuta  la acción que le valdría a Chile reclamar con justa razón  su soberanía del paso marítimo y sus lugares adyacentes. El lugar donde llegó  Ladrilleros figuró  posteriormente en  la  cartografía de la Casa de Contratación de Sevilla  como Posesión. 

 

Es más, en la  abundante literatura argentina, sobre el Estrecho en su relación con los límites entre ambos países, ¡jamás! se  menciona al navegante andaluz.  Darlo a conocer los condena a no tener derecho,  históricamente,  a ningún reclamo.  En Chile también lo teníamos olvidado.  Ladrilleros ha revivido en la memoria,  por el afán mezquino de enseñarles a  mis paisanos,  quien fue el descubridor  de Ultima Esperanza.  Como en su viaje  llegó   hasta el final del  Canal Señoret, fue el primer  viajero  europeo que visitó el Paine.

 

Uno debe ser humilde y reconocer que aprende de sus personajes. Yo aprendí la porfía de Ladrilleros. Me embarqué en la aventura de un nuevo libro. Me parecía  increíble que los llamados Sucesos de Bories del año 1919, permanecieran intocados por la historiografía regional.  Mi decisión fue en aumento cuando junto con Héctor Catalán,  seguimos los expedientes judiciales del caso.  Estaban en el lugar más  recóndito de nuestro Archivo Nacional en  Santiago.  Mil seiscientas fojas tenía esa preciosura documental.  Por momentos comprendí a Gene Savoy,  el descubridor de Machu Picchu.

 

                         El libro “La Rebelión del Tirapiedras. Puerto  Natales 1919”, está  escrito para enaltecer  la historia  nuestra al cumplirse,  éste año, el Centenario del decreto de fundación de la ciudad.  Historia para mí es el arte de recordar.  Hago llegar a los lectores del libro un recuento de los diez primeros años de nuestra historia como ciudad.   Estaré satisfecho, si  al terminar de leerlo,  llegan a la convicción que ustedes también podrían haberlo escrito.