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LEYES DE EXCEPCION. A CIEN AÑOS DE UN DESATINO CENTRALISTA

Por: Ramón Arriagada

 

Buena manera de celebrar los 100 años  de la imposición de la Aduana en  Magallanes con la discusión sobre la efectividad de las leyes de excepción.  El día 14 de abril de 1912,  se establece para el naciente territorio del extremo sur el servicio de Aduanas.  Quizás uno de los mayores castigos en la historia del centralismo hacia esta región del país.

 

 Punta  Arenas,  era hasta  ese fatídico año, al decir de  Manuel Chaparro Ruminot “un puerto franco que recibía todas las mercaderías destinadas a esta parte sur chilena y argentina y por la que salía también lo que las mismas regiones producen.  El Gobierno dictó una medida proteccionista y creó la Aduana”

 

Los gobiernos de la época estaban recibiendo desde comienzos de siglo las presiones de la siempre influyente  Sofofa; ellos eran de la opinión,  que al no haber Aduana en Magallanes, se incrementaba el contrabando de artículos  que la naciente industria nacional elaboraba en el norte.  Los poderosos empresarios y políticos del poder central, salieron con la suya, establecieron  los impuestos aduaneros en Magallanes y con eso frenaron  su  desarrollo económico y social. 

 

Nuestros vecinos aprovechando el balazo en la nuca al territorio magallánico, gestaron una rápida y audaz estrategia para desarrollar sus puertos del Atlántico, que  hasta esa fecha, languidecían ante la pujanza de la Perla del Estrecho.  Los capitalistas locales, todos extranjeros,  partieron rápidamente a Buenos Aires, para dirigir mejor sus inversiones,  y en donde, según los cronistas de le época, eran  considerados en sus opiniones respecto  del desarrollo de los territorios patagónicos.  Las casas Braun, Blanchard y Menéndez fundaron “ La Anónima” con 17 casas comerciales en la Patagonia argentina.

 

Los magallánicos tuvieron que reemplazar los productos importados por los “made in” Chile.  Los trabajadores del campo, debieron calzarse botas chilenas y reemplazar las tradicionales inglesas. Las  nacionales estaban fabricadas con cueros y suelas incapaces de resistir largos períodos sumidas en la nieve en las labores campesinas.

 

Las críticas de la gente,  también se dirigían a lo grave que era  negarle a la población el acceso a la leche condensada que provenía de Europa. Es algo que no entendían los ideólogos del centralismo.  Ellos desconocían que en este territorio no existían lecherías. En invierno no se podía mantener vacas lecheras.  Un tarro importado de este alimento vital para los niños, antes de la Aduana  costaba $ 0.40. La leche nacional con  flete llegó a costar $ 1,20.  El mismo  Manuel Chaparro,  indignado reclama… “ las consecuencias de esta situación  pueden observarse en el enorme número de párvulos atacados de raquitismo, con sus huesos torcidos y sus columnas vertebrales desviadas”.

 

Es de esperar que al cumplirse  un siglo del “Gran Desatino Centralista”, legisladores y gobernantes,  no lo celebren con leyes de excepción dedicadas a perjudicar a quienes se cree favorecer.