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CAÑONES DE LA “WAGER” UN HALLAZGO FORMIDABLE PARA LA ARQUEOLOGIA HISTÓRICA EN EL GOLFO DE PENAS

Escrito por: Ramón Arriagada

El pescador natalino, Oscar  Pedreros, tiene el mérito de haber encontrado los cañones de la Fragata “Wager” en un rincón impensado de las numerosas islas que rodean el Golfo de Penas.  No fue un encuentro casual, pues  desde hace muchos años,  en nuestras conversaciones, el tema de los restos de los cañones era recurrente.  Me informaba que  al pasar cerca del golfo, en sus labores de extracción de erizos o locos, se daba un tiempo para husmear en las islas Guayanecos,  y encontrar lo que hoy, con justa razón,  Pedreros llama “ su tesoro”.

 

Por las fotografías a las cuales he tenido acceso,  en el lugar encontrado,  deberían estar todos los cañones por recuperar de la fragata inglesa hundida en el año 1741.  El hecho de  ubicarse muy lejos de donde se produjo el naufragio, plantea una interrogante a resolver.  Es posible que los restos del  barco siniestrado hayan sido llevados a este  nuevo  sitio , ahora arqueológico,  por la fuerza de una poderosa y persistente marea.  Hasta puede ser el oleaje de un Sunami que llegó a las costas del golfo. Pero desde ahora en adelante tendrán la palabra quienes saben de arqueología y mareas.

 

Nos quedamos con la sensación agradable,  de ver como una parte de nuestro territorio,  cobra vida para quienes nos visitan.  Nuestros turismo necesita contar la historia de estos paisajes, donde se ha impuesto el máximo sacrificio humano, para hacerlo  accesible a las generaciones futuras.

 

Breve historia de un naufragio

La fragata “Wager”, había sido construida en el año 1734. Era una fragata de tres palos,  tenía 37 metros de proa a popa, estaba diseñada para el transporte de mercadería y  pasajeros. Sus viajes estaban  dirigidos para llegar a las Indias Orientales.  Por lo tanto, cuando  Lord Anson , inició las acciones para armar una escuadra que viniera a disputar el poder naval a los españoles,  eligió la “Wager” como un buen  “buque almacén”.  Traería aparejos, pertrechos, artillería, municiones y herramientas. Sería fundamental para el apoyo de las operaciones militares. 

 

La idea era navegar hasta el Cabo de Hornos, para ingresar al Pacifico por el sur del continente y dar cuenta de todos los asentamientos españoles. El primero en caer sería  el puerto de Valdivia de acuerdo a los planes de Anson.  La nave insignia de la flota invasora inglesa era el “Centurión”, donde viajaba el almirante;  la agrupación la completaban  otros dos poderosos navíos, el “ Gloucester” y  el “ Savern” con tripulaciones de  trescientos y cuatrocientos hombres respectivamente.

 

Cerraban la formación inglesa dos fragatas,  “Pearl” y nuestra conocida

“Wager”, además del “Tryal” un barco más pequeño con sólo ocho cañones.  La fragata  del guardiamarina Byron,  contaba con una dotación  de 160 hombres, la mayoría según  nuestro personaje, sacados a última hora desde el hospital de  Chelsea. Eran soldados y marinos recuperándose de heridas de guerra,  que fueron forzados a integrar la gloriosa escuadra, enviada por la corona  para  la vil misión de piratear en las colonias españolas del  Pacífico.

 

PROA AL SUR

Cuando la corona  de España tuvo conocimiento del zarpe de la emblemática escuadra del almirante  Anson, improvisó una formación de naves al mando  del  general José Pizarro, que contaba de cinco naves tan dotadas como las inglesas que ya avanzaban hacia el Cabo de Hornos.   Los  peninsulares,  llegaron al  escabroso paso oceánico,  el último día de febrero de 1741, debiendo enfrentar al peor enemigo en cosas del mar, un violento temporal,  que dispersó los barcos.

 

Los días siguientes fueron trágicos para la flota española.  El “Hermione”  con 54 cañones y 450  hombres se perdió en aquellos mares tormentosos. Nunca se supo las circunstancias de su destino final.  La lectura de la suerte sufrida por  este conglomerado de tres mil  hombres del mar es  espeluznante. Debieron regresar al Río de la Plata,  diezmados por el escorbuto, el hambre y el desaliento.  Después de cinco años de la  partida, sólo  el navío “Asia”, regresó a España con una  dotación mínima de tripulantes en condiciones de navegar. 

 

El paso azaroso por el Cabo de Hornos,  también fue  dramático para la  escuadra inglesa,  que marchaba a pocos días más delante que sus perseguidores.  La bitácora  del “ Centurión”  registra tempestades  endemoniadas no sólo en el  paso hacia el Pacífico, si no además entre éste y las costas de Chiloé. El día 23  de mayo  sufrieron un temporal que les rompió las velas, no eran olas las que se venían encima, eran  “montañas de agua  que  reventaban en el costado a estribor”. 

 

DESTINO FINAL: EL GOLFO DE PENAS

 

La fragata “ Wager” venía con dificultades para maniobrar desde el Cabo  de Hornos.  El capitán Cheap,  trataba de llevarla hacia mar abierto, pero  debió navegar teniendo  a la vista,  los estruendosos rompientes del Mar del Sur sobre costas escarpadas y desmembradas. Con no más de diez hombres en condiciones de navegar,  la  fragata herida se estrelló violentamente contra la costa norte de las  Islas Guayanecos en la mañana del día 14 de mayo de  1741.

El casco de la fragata  se mantuvo a flote, apoyado en las mismas rocas en que había encallado,  ya avanzadas las  horas fue posible  recuperar los víveres y su carga. Claro, que con muchas dificultades  por  el oleaje que seguía golpeando  sin misericordia a aquellos angustiados naúfragos.

 

Tanto en el libro de  John Byron como en el de  Bulkeley,  están reflejados los días de angustia de  los sobrevivientes.  Es tan inhóspito el lugar,  que  uno de los autores llega al exclamar,  “Hemos conocido el punto más ingrato de todo el globo terrestre”.  A las inclemencias del tiempo,  se deben sumar  las bajas pasiones humanas entre los sobrevivientes.  Un grupo numeroso, se rebela contra la autoridad de Cheap, toma las mejores embarcaciones y parte importante de los víveres e inicia  una larga  navegación por el  Estrecho de Magallanes, para llegar a las costas de Brasil.

 

 El pequeño grupo, fiel al capitán, entre los cuales está Byron, atraviesan el Golfo de Penas, para llegar a las cercanías del Itsmo de Ofqui. En ese lugar son  apresados por  naturales del lugar (chonos) y llevados los cuatro sobrevivientes - en junio de 1742 - ante las autoridades  españolas  establecidas en  Castro.  Después de una permanencia que demoró hasta que llegara el barco que hacía el recorrido entre el Callao y la Isla de Chiloé, fueron enviados a Valparaíso y posteriormente a Santiago, desde donde fueron liberados al año siguiente, cerrando con ello el capítulo en tierras chilenas de los naufragos ingleses.