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DESDE MI BALCON NATALINO: EL LLANTO DEL ALMA

Escribe:Ramón Arriagada ( sociólogo)

 Gradualmente me he ido reincorporando a mis escritos  para dar forma a esta columna. Es que a veces,  es poco reconfortante sentirse sorprendido por algún cercano,  que  exclama entusiasmado haber leído lo que uno escribe.   Te defraudas  al comprobar,  que no ha captado el mensaje que tu  quisiste entregar. Pero le agradeces por  haberse dado la molestia del cumplido.

 Siempre mis columnas son referidas a cuestiones inmediatas y contingentes.  En este mundo tan globalizado, la gente quiere  verse reflejada en su aldea.  He comprobado el gusto lectores por  temas que tocan la sensibilidad colectiva.  Y vaya, que sufrimos este fin de semana junto a los padres de Noelia Valentina, la  jovencita fallecida en un accidente  en el camino sur de nuestra ciudad.

 

Tiene razón quien titulara aquel libro “Un hijo no puede morir”. Es algo tan inesperado que no tiene explicación racional. La sensibilidad de un  padre, no está preparada para esa carga  trágica. Espero que el  acto multitudinario de despedida,  en un gimnasio repleto con acongojadas compañeritas, religiosas y  amigos, haya servido en parte a sus padres para mitigar tanto dolor del  espíritu.

 

De nada sirve a los padres tener una buena relación con los hijos.  Estamos tratando con una personita, que está viviendo la etapa más perturbadora  de su evolución conductual.  A esa edad como lo dice el poeta… “vienen de ti, pero  no te pertenecen, porque son hijos e hijas de la vida” .  Esa independencia del mundo de los adultos, nos lleva a decir,  a veces, que los  hijos son como los pájaros,  pues no sabemos en la rama en que se irán a parar. 

 

Lamentablemente, en nuestros días,  las fuerzas del mal, de un sistema económico y social  que empuja a nuestros jóvenes a ser competitivos e individualistas,  hace de ellos seres permeables,  a desafiar con violencia la vida. Quizás no  hemos tomado conciencia  que las estadísticas están  arrojando con demasiada  frecuencia, muertes juveniles,  absurdas e inútiles, a las cuales sólo respondemos con el llanto del alma.