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DESDE MI BALCON NATALINO:EL ELECTOR SIEMPRE TIENE LA RAZON

Cuando las agrupaciones políticas eran numerosas en militantes, se afirmaba que un partido era la locura de muchos en beneficio  de unos pocos. Hoy que los partidos son apuntados  por el dedo acusador y los políticos registran un bajo nivel de favoritismo, los candidatos  al municipio  deben tener la intuición de reencantar al llamado  votante descontento.  El liberalismo,  le ha dado a la persona una capacidad ilimitada de decisión. Le ha dicho ¡ El cliente tiene la razón!.  Los votantes de hoy, podrán decidir no ir  sufragar y con ello hacer  valer su albedrío.

 

En este mundo electoral  tan contradictorio,  donde todos se inspiran, y dicen pretender entregar a la persona que sufraga una alta ponderación,  la repuesta  es decepcionante por  expresiones viles;   como prestarse para ser  acarreados  a bretes electorales en comunas de vida política intrascendente, para beneficiar a caciquillos  rurales de poca monta .

 

Cuando los políticos sentían vergüenza  de  ser  ignorantes,  la dinámica  de sus partidos, era producto  no tanto de las pegas, las mezquindades y ventajas pequeñas que su agrupación podrían  ofrecer si llegaba al gobierno, si no de las discusiones internas.  Un partido no era un estado de ánimo.  Un partido era una ideología y una filosofía. Eran cuerpos sociales llenos de vida; de ahí la tendencia a multiplicarse y dividirse. 

 

El olor a engrudo, a pegatinas y pinturas eran parte de la lucha ideológica en cada  proceso electoral.  La propaganda subrepticia  era parte de la pasión.  Claro que para eso los partidos tenían juventudes, los viejos eran muy gordos para arrancar.  En contraposición a lo que hoy sucede. El votante es  considerado un consumidor, que necesita para ser encantando de coloridas gigantografías.  Como el supermercado virtual en una esquina de nuestra ciudad. El  producto estrella, elevado  e iluminado,  en tanto, las ofertas  diarias se despliegan en una  seguidilla de gestos y sonrisillas  cómplices.

 

En tanto, la vida política se arrastra y serpentea.  Llega a  Magallanes Cristian Larroulet, da entrevista a radios  puntarenenses y natalinas, al sacarlo del libreto que traía preparado,  comienza a moler agua desesperadamente.  El  senador Pedro Muñoz al  anunciar su reelección, desconoce aquello que lo mucho se vuelve poco con desear otro poco más.  El gobierno  se arrepiente de  haber propiciado la privatización del litio.  La oposición se enorgullece de haber evitado tan aleve zarpazo a nuestras riquezas básicas.  Ricardo Lagos, guarda silencio, pues ese gesto no le habría gustado cuando en su mandato,  entregó el cobre a empresas privadas extranjeras.