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DESDE MI BALCON NATALINO: TALCAHUANO NO SE RINDE

Escribe: Ramón Arriagada

La semana pasada, una visita breve de tres días a  Concepción. Seres queridos necesitaban de nuestro apoyo,  luego del movimiento telúrico que hizo remecer  las  profundidades de la tierra y del alma nacional. Nos acompañaron  los días típicos del clima penquista, con esa niebla matinal, que como cortina de un gran anfiteatro se abre raudamente al mediodía,  para dar paso  a  la bella luminosidad  que va delineando el contraste entre el mar y la tupida topografía boscosa de los cerros penquistas.

 

 

 

 

No puedo dejar  de indagar en las personas y sus conductas. Escucho el máximo de testimonios. Todos transmiten sus vivencias de los momentos del azote de la tierra, de cómo sintieron  su fuerza  y  voz proveniente de las profundidades.

    Leo en el diario local “El Sur” a un columnista expresar “ Nuestra existencia se basa en una inestabilidad del suelo, que vuelve lo inerte, algo vivo que se desata, como un estruendo que nos señala cada cierto tiempo, nuestra condición  precaria”.  El autor es el arquitecto penquista Gino Schiappacasse.  Este profesional,  ya en el año 2007, luego de observar la  actitud temeraria de  constructoras locales que elevaban edificios a  su antojo,  advirtió “ La Globalidad tiende a no distinguir la peculiaridad de lo local…lo que realmente hay que  respetar de un lugar, es lo geográfico, lo telúrico, o sea lo relativo al comportamiento de lo terráqueo, su sismología”.           Testimonio dramático  es observar alguno de los siete edificios sentenciados a desaparecer por fallas insalvables en sus estructuras. Dichos errores de construcción aún  no tienen culpables. Me llama la atención  que tampoco haya juicios duros contra los saqueadores de las  horas siguientes  al  cataclismo.  Me olvido por momentos,  que quienes estaban en el mismo escenario, no se veían  asimismo ;  claro, si no había  luz eléctrica, ni comunicaciones telefónicas y televisivas. Eran  momentos  para pensar sólo en como  sobrevivir.

 

Pero todavía mi recuerdo está  con Talcahuano.  En realismo más cruel de la tragedia.  Lo que he visto en esa ciudad me persigue, porque me impactó.  Creí por momentos  en la existencia de un Dios Castigador. No es posible tanto  ensañamiento de la naturaleza contra una comunidad de personas.  Mi bloqueo me impide describir lo visto, si lo hiciera faltaría a la verdad.  Entre las ruinas de todo su centro comercial, en sus barcos inutilizados en tierra,  entre las casas a la deriva en  cerros y quebradas,  en medio de cientos de cientos de carpas rusas,  van apareciendo  inocentes letreros  proclamando que… “Talcahuano, no se rinde”.