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DESDE MI BALCON NATALINO:LOS GAUCHOS CHILENOS

Escribe: Ramón Arriagada          

    Tenía que llegar el momento en que los gauchos chilenos  salieran del closet;  hoy ya es posible  verlos estructurar sus sitios en Internet  y no tener sentimientos de culpa  por ser más gauchos que huasos.  Reconozcamos que en tiempos de dictadura y del casi enfrentamiento en la frontera con nuestros vecinos argentinos, los gauchos chilenos,  sufrieron  el acoso de las autoridades,  quienes identificaban sus atuendos como una falta de lealtad con la  patria.  

 

 

 

Nuestros gauchos debieron pasar a la ilegalidad, guardar sus bombachas “guardapedos”, sus cintos con incrustaciones, sus facones, sus botitas con fuelle. Para que hablar de los festivales de monta acompañados por sentidos chamamés correntinos y gritos del sapucai, ni siquiera estaban en la imaginación.   Todo quedó reducido a los  amanses del dia en las estancias chilenas  y sus historias en  animadas    “mateadas” y  “trucos”.  Pero  silenciosamente iría  germinando la semilla de una  manifestación  e identificación cultural,  que hoy  es aceptada,  porque fue internalizada por la gente de  esta comunidad  humana y territorial llamada   Patagonia.

 

 

 

 

 

  

Para nadie es desconocido que cuando se relacionan dos culturas, será la más fuerte que domine.  Eso  fue lo que nos sucedió.  En los años setenta trescientos mil chilenos vivían y trabajaban en las provincias del sur argentino. Gracias a esa acogida,  Argentina logró poblar sus territorios vacíos.  

   

Chile cambió, vinieron los buenos tiempos y la generación de empleos, sobre todo en Chiloé con la salmonicultura. Se cortó el chorro migratorio y mendicante  Regresaron a nuestros campos muchos viejos domadores, que traían la tradición del  gaucho inspirada en Martín Fierro, influencia ya sin fronteras en el cono sur de  América.

 

 

 

 

 

 

 

   El amanse es el deporte con más espectadores cautivos, al menos en Ultima Esperanza.  La nuevas generaciones saben de “grupa surera”, “basto con encimera” y “montar a los crines”.  El dueño de una tropilla festivalera confidencia… “nuestro respeto por el caballo es sagrado;  las espuelas son con puntas romas y el jinete las aplica para que el caballo sienta cosquilleo y corcobee ;  el jinete arremolina el rebenque pero no toca al animal, lo usa para  el equilibrio y darle elegancia a su trabajo”. 

Luego  argumenta,  “nuestros caballos hacen su trabajo  en  14  segundos para después ser devueltos al campo”;  por ello , afirma seguirán captando  espectadores,  porque como dice en verso campero “en la constancia está la  ganancia”.