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DESDE MI BALCON NATALINO: ENSEÑANZAS GAUCHAS

ESCRIBE: RAMÓN ARRIAGADA

 

 

 

 

En días mundialeros en donde se  transmiten interminables reportajes sobre la presencia de  la  “marea roja” en Sudáfrica, poco es lo que trasciende  sobre los hechos más significativos de nuestro convivir ciudadano. Tanto  la Derecha como la Concertación dan muestras de estar anómicos, es decir, el medio donde sobreviven no está de  acuerdo con sus expectativas; nunca nos había tocado presenciar a tanto miembro de nuestra clase política tratando de ser asertivos con la masa.

 


 

Jamás las minorías sexuales habían tenido tanta tribuna. Hoy es posible verlos exigiendo sus derechos a ser escuchados.  La derecha homofóbica, ha pasado a una estancia más dialogante.  Cosa curiosa,   Piñera es posible pase al recuento  por ser el gobierno donde las minorías sexuales obtuvieron sus mayores reconocimientos.  Al decir de Lemebel, escritor,  integrante de las llamadas  Yeguas del Apocalipsis, “tenía que llegar el día en que a la derecha en Chile, también le repicaran las  hemorroides”.

 

No obstante a que muchos opinan que en la última elección de Renovación Nacional, fue derrotada la derecha liberal en Chile, no es menos cierto, que el reelegido Presidente, Carlos  Larraín, con su  hablar metafórico y a veces desprolijo, pretende alejarse de la imagen del patrón tradicional del fundo de la zona central. Sus largas estadías en Tierra del Fuego, lo han marcado y llevado al tono gauchesco, tan propio de nuestra geografía humana patagónica y fueguina.

 

Lo ví sometido al intenso interrogatorio de los panelistas del programa “Tolerancia Cero” el  último domingo. Cuando le preguntaron, sobre cuáles serían las medidas más importantes y urgentes que se  debieran tomar  en el país en estos momentos.  Su rostro pasó  de la placidez al rictus, dando indicios de mucha preocupación en sus palabras… “Me preocuparía de solucionar los problemas de Arica y de Magallanes, sobre todo en estos momentos de disputas territoriales”.

 

Algo grave vislumbra Carlos Larraín en su transitar cercano al poder y los círculos palaciegos. Es posible le  preocupa la desnudez y mudez de nuestra Cancillería. Pues, como diría el gaucho, de nada vale gritar mucho, si no se grita bien.