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DESDE MI BALCÓN NATALINO: LOS NUEVOS NATALINOS

 

Escribe Ramón Arriagada

 

Hasta hace unos  años, cuando aún nuestro turismo no  tenía las alas  del cual hoy está dotado, no era extraño  encontrar en  el camino  hacia y desde  Punta Arenas,  viajeros con carteles haciendo dedo.

 

En  su mayoría eran  gringos jóvenes, viajando  con el  sistema “auto-stop” ya sea para ahorrar, o bien, apresurados por llegar a Puerto Natales o el sector del Paine, cuando la locomoción no era tan abundante en horarios como la de nuestros días.

 

 

 

 

 

La proliferación de los buses de turismo a bajos precios y las desconfianzas han hecho desaparecer esta relación de servicio de los magallánicos con los viajeros.

Hace unos días predispuesto a  enfrentar la soledad del camino con mis pensamientos  e ir barajando el dial entre radios argentinas y chilenas, a veces con programaciones compulsivamente malas;  comprobando que el mal gusto no tiene frontera. En un cruce, una joven pareja de mochileros, solicitaba llegar a Punta Arenas, pues habían perdido el bus de media mañana.  Eran chilenos, residentes en el sector de huertos de Natales, buena dicción y  comunicación auspiciaban acortar las tres largas horas en un camino de mucha nieve y hielo.

Ella santiaguina, educada en un colegio de  Los Dominicos para arriba; él un joven natalino querendón de los caballos, de  las fiestas gauchas, guía de turismo montado. Como muchas parejas jóvenes,  unidos por el amor profundo a la naturaleza; jugados enteros por cimentar sus destinos en  estas tierras de soledades, ilusiones y silencios.   Componentes de una avalancha de nuevos habitantes, que como  flujo va tomando  cada vez más fuerza.

Son los nuevos natalinos.  Abundan entre ellos muchas parejas  euro-nativas, siendo predominante el hombre de nuestra nacionalidad.  Seguirá en el futuro esta nueva forma de migrar desde Europa, hacia territorios recónditos de la América  morena. El Altiplano boliviano, la selva amazónica, el territorio mapuche, la Patagonia están registrando la llegada de jóvenes estudiantes y profesionales de la rubia Europa. Buscan los rasgos  auténticamente indolatino de su futura pareja. No olvidar que Europa es un territorio que carece de aborígenes.  En algo está fallando el macho europeo.  Ellas los prefieren latinos, agrestes, super amantes… pero de la tierra.

A  estos nuevos natalinos, poco o nada le interesa Puerto Natales y sus eternos problemas de aislamiento. Ellos son ciudadanos del mundo. En estos días de invierno, en que a nosotros nos faltan pañuelos para nuestras penas; ellos están en Europa  o Estados  Unidos  invitando a venir a la Patagonia  a conocernos como territorio de oportunidades.