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DESDE MI BALCON NATALINO: ENTRE MUELLES, QUIMERAS Y LEYES

ESCRIBE: Ramón Arriagada

 

 

Nos preocupa como ciudad-puerto lo que sucede en nuestros muelles.  Suponemos que entre  mejores instalaciones portuarias tengamos, mayor van a ser las posibilidades de olvidarnos de nuestro aislamiento. Personalmente me marcó en extremo aquel día  cuando un   timonel pajarón, le aforró un caballazo histórico con el  transbordador a nuestro muelle.  Se nos vino el mundo abajo.  Muchos presagiaban  que ya no volvería a Puerto Natales. Pero se impuso la razón y la presión  organizada; el barco que nos une con Chile,  de proa a popa  siguió siendo natalino.

 

 

 

¿Zapatito te acuerdas el día que regresó el barco a Natales?, le pregunto a mi amigo Juan Bautista Díaz,  “Zapato Brujo”, quien es el encargado con su pequeña chalupa del amarre del barco todas semanas.  Recuerda ese día memorable, cuando se lució  con sus maniobras ante diez mil personas, que emocionadas con sus pañuelos blancos saludaban el retorno.  Nunca en  Puerto Natales se  ha vuelto a reunir esa multitud. 

 

El muelle de nuestros pescadores artesanales es una ciudadela flotante. Allí duermen y ven pasar los lentos días de  vedas,  muchos  pescadores que carecen de hogar en tierra. Son hombres rudos que desafían la muerte en cada salida de pesca, enfrentando golfos infernales.  En el lugar imperan códigos de convivencia. Hace dos años le pegaron un escopetazo sin silenciador a uno de ellos. Se impuso la Ley del Silencio.  El victimario  optó por una sepultura digna para el muerto, eligió el fondo del mar. La justicia dice que será inocente hasta mientras no aparezca el cuerpo del delito.

 

Hace unos días la Empresa Portuaria  Austral, presentó un recurso de protección, porque dos  barcos científicos norteamericanos se vinieron al muelle  Kochifas, despreciando sus instalaciones. Platas sacan  palabras.  La EPA  en su recurso dice que el muelle del navegante es ilegal,  salpicando de paso a la Armada por su jurisdicción respecto a dichas instalaciones. Además que de acuerdo a tratados internacionales, firmados después de los atentados a las Torres Gemelas,  todo barco gringo debe recalar en recintos  cerrados y con mucha vigilancia.

 

Pero el muelle para el recuerdo, es aquel prometido por Ricardo Lagos para el atraque de cruceros; sería la construcción emblemática para el Bicentenario en  Puerto Natales. Ese quedó en los planos y en la fantasía. Es el  sitio reservado para  el atraque de  barcos fantasmas como “El Caleuche”, impedido de llegar a nuestros muelles mientras no se ensanche el Paso del Kirke, otra de las quimeras  prometidas.