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DESDE MI BALCON NATALINO: PEQUEÑA HISTORIA DE PUERTO BORIES

 

Escribe : Ramón Arriagada

 

Por qué siempre  los acontecimientos que tienen como escenario el Frigorífico Bories, se sumergen en  ambientes marcados  por fuerzas perversas, sembrando enemistades y discordias entre sus actores.  El establecimiento iba a ser inaugurado con pompas y circunstancias,  en febrero del año 1915. Pero el mismo día del corte de cinta, los obreros contratados se negaron a trabajar. 

 Los operarios protestaban porque habían sido traídos a  Puerto  Natales  en gran número y no tenían donde dormir.  Los cabecillas del movimiento, Neira y  Vargas, fueron embarcados detenidos hacia Punta Arenas en  el torpedero “ Tomé”.  Ante el anuncio de huelga general, de la Federación que agrupaba a obreros  de campos  frigoríficos de toda la Región; la Duncan Fox, empresa propietaria de Bories,  tuvo que ceder, pero su joya  no tuvo bautizo.  Al parecer  fue un presagio, no quiero hablar de maldición, pero Bories  algo tiene.

 

La historia nos dice que  el día 23 de enero de 1919, los ánimos se exacerbaron  entre  la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego, dueña del frigorífico y sus operarios. Las peleas y beligerancias estallaron teniendo como escenario  Bories. Saldo final,  seis sindicalistas  y cuatro carabineros muertos, en  enfrentamientos donde no hubo misericordia.

 

Este Frigorífico fue el último lugar emblemático al terminar  la Reforma Agraria. La dictadura entregó todos los  predios de Ultima Esperanza en asignación individual. Es  cuando aparecen los lotes, entregados en muchos casos a  trabajadores de  la tierra, con  sobrados  méritos en las labores del campo.

 

Este lugar bucólico en medio de la pampa,  estructurado como sus similares de Inglaterra o Escocia, le fue traspasado, en aquellos años, a una cooperativa para su administración.  La empresa producto  de una inadecuada administración,  entró en  mora y no pago de los créditos comprometidos.   Al final,  la  asamblea de socios en una  decisión para el bronce, estimó necesario disolverse, y repartir entre sus atribulados componentes las pertenencias de todo el frigorífico.

 

Hoy se ha anunciado en una de sus dependencias la construcción de un moderno hotel.  Una gran inversión.  Pero el modernísimo hospedaje, no puede convivir con el matadero contiguo;  un lugar donde hay sacrificio y muertes para alimentar los estómagos de los nativos del lugar, es decir, nosotros.

 

No hay que ser pitoniso ni historiador para  saber  el destino de esta disputa. De nada servirán reuniones, conciliábulos, ni consultas a expertos.  Porque  está confirmado que  cuando el dinero habla el resto  calla.