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JOSÉ A. KAST: RETRATO DE UNA VIEJA PORFÍA

Una curiosidad para la política Chile ha resultado ser José Antonio Kast.

En días de acomodos para los políticos de derecha; en  instancias de  colocar al máximo de familiares en la hasta hace poco preciada administración pública;  cuando serviles señoras y señores aspiran a ser vistos para un cargo con el afán confeso de ayudar a levantar el país…aparece la versión del Che Guevara rubio, dispuesto a dejar atrás todas las tentaciones  cortesanas, para enfrentarse  con “la furia roja”  en las universidades,   aceptando laceraciones por golpes provenientes de contra por manifestantes.


Nuestro personaje,  para vergüenza de quienes ya gozan de las granjerías del poder, ha buscado  el camino más difícil, que incluso lo puede llevar a la inmolación.  Está convencido, ser éste un gran sacrificio hecho en beneficio de un ideal, de una causa  y por el  bien de otras personas.  Pablo Ortúzar, columnista de “La Tercera”, el último domingo,  ayuda a entender  el fenómeno José Antonio Kast,  “No inventó la estrategia que ejecuta. Lo que Kast está haciendo es aplicar la fórmula ganadora que Jaime Guzmán utilizó en las poblaciones de Santiago durante los ochenta, con la ayuda de su hermano, Miguel Kast”.

Basta recordar como apareció la UDI-Popular.  Jaime Guzmán y los suyos lograron captar el sufrimiento de los franciscanamente pobres,  del Gran Santiago, castigados  en dictadura por constantes allanamientos en las protestas y las persecuciones contra la los carteles de la droga que supieron mimetizarse  con sus  reacciones anti-sistema, sobre todo de las generaciones jóvenes.

En esas poblaciones los militantes UDI, partido de derecha, anticomunista, fueron recibidos con escupos, piedrazos, hasta tiros. Supieron internalizar en muchas familias, su visión de cómo superar la pobreza, gracias al  esfuerzo personal;  con un manejo audaz de las ayudas sociales - bajo su control en ministerios y municipalidades-  respaldaron a quienes se matriculaban con su apostolado.

 Prosigue Ortúzar, “Kast es un guzmanista consecuente a diferencia del mediocre y dudoso raspado de la olla que predomina hoy en la UDI”.  Para concluir en  su columna,  “Las universidades de hoy son las poblaciones de ayer. Ahí está el caldo de cultivo político. Y  Kast está decidido a meterse en los cotos de caza de la izquierda”.

En un foro televisivo  el domingo, ha insistido que seguirá aceptando invitaciones  de universitarios que quieran escucharlo, ¡ A los estudiantes no los vamos a dejar solos!, terminó arengando.  José Antonio Kast, sabe cómo desminar esos campus, hoy,  adversos a  su prédica.  En las universidades, hay muchos estudiantes descontentos, tienen conciencia  que las movilizaciones sociales no  dieron como resultado una transformación social. Que muchos de los títulos que van a obtener no le van a servir de gran cosa. 

La cesantía cunde en  la mayoría de los profesionales jóvenes y así como marcha la economía, en pocos años, va a partir hacia el resto del mundo una generación numerosa de titulados chilenos.  Esa eclosión, va a ser, porque  Chile no tiene capacidad en su estructura social – con una impresentable distribución de los ingresos- para aceptar una explosiva clase media. Es la “chilezuela” tan pronosticada en las últimas elecciones y que de no cambiar la estructura social  llegará más temprano que tarde.

Kast y los suyos, saben que la izquierda en Chile y en el mundo está desorientada;  las cúpulas que gobernaron con la Concertación y luego con la Nueva  Mayoría,  ofrecieron el mismo capitalismo,  un poco reformado, con una salida de emergencia para los más ricos.  Desapareció la clase obrera,  los obreros son difíciles de ubicar e identificarlos,  incluso en Chile en las últimas elecciones,  no pocos,   votaron por la  Derecha. En Europa votan por   nacionalistas  y antiimigrantes.  José Antonio Kast, ha pretendido dejar la imagen que  es poseedor de la razón,  aunque para el gobierno y sus funcionarios que recién se acomodan, su  propuesta no es para nada razonable