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LOS CAÑONES DE LA WAGER: UNA ARTILLERIA PERFECTA

 

Tres años después del naufragio de la fragata Wager, el  Gobernador de Chiloé envió en 1774,  una expedición a buscar los escombros del barco inglés.  Ciento sesenta hombres a bordo de  once piraguas partieron al sur, hacia las  Islas Guayanecos; el mando le fue entregado a un alférez de infantería  del fuerte de Calbuco, Mateo Abraham Edward.  Por si encontraban indios para evangelizar, viajaba también el padre  Pedro Flores sacerdote jesuíta.

La misión duró cuatro meses. Cronistas del viaje relatan que en las cercanías del  sitio donde  estaba el naufragio, aún había restos de  tripulantes ingleses muertos.  El lugar era fácilmente identificable por los navegantes que llegaban  a la parte sur  del Golfo de  Penas.   Un piadoso  levantó una cruz en el lugar, el padre García lo  sitúa  entre la Isla San Pedro y el paso Runddle.   Valga esta  información, debido a que las últimas expediciones ( 2008),  no  se han atrevido a fijar con certeza  la ubicación de restos.

 

Al regreso de la expedición de 1774,  los navegantes llevaron ante el Gobernador de Chiloé, entre otras piezas,   catorce cañones del total de  veintiocho  de la dotación de la fragata inglesa.  Informa Edward que  “ por lo incómodo de la piraguas no fue posible transportar  catorce cañones, el fierro de lastre, cables y más jarcias, con muchas anclas, habiendo dejado  dos en la playa, que privó de conducir su tamaño”.   El Gobernador Martínez de  Tineo comentará posteriormente  “ no he visto artillería más perfecta por su delicada hechura”.

 

 Desde el siglo XVI hasta mediados del  siglo 19, no se registraron mayores diferencias en la fabricación de cañones. Estos eran de una sola pieza. Los navíos de guerra llevaban cañones fabricados de bronce, en tanto los mercantes, los usaban de  fierro. En los barcos estaban montados en cureñas de madera.  La pólvora y el proyectil se cargaban por  la boca. El artillero  lo disparaba usando una mecha encendida que comunicaba el fuego a través de un orificio ubicado en la culata.   La cinematografía ha sido muy prolífica en mostrar  combates navales, incluso, muchos señalan que  los libros publicados  sobre las aventuras de la flota de Lord Anson,  inspiraron a Peter Wein, para mostrarnos a  Russell Crowe como  el audaz “ Capitán de Mar y Guerra.

 

EL NAUFRAGIO DE LA  FRAGATA WAGER EN LA LITERATURA

En el año 1768, después del regreso de largas navegaciones,  John Byron se decide a escribir sobre su experiencia en los tormentosos mares del sur.  Esta  voluntad,  nace al ver publicados en Inglaterra,  los relatos  de John Bulkeley sobre los acontecimientos que rodearon  la desobediencia  al capitán de la “Wager”,  David  Cheap , y la posterior navegación con un grupo de tripulantes  por la ruta del Estrecho de Magallanes,  para llegar hasta las costas de Brasil y luego ser llevados a Inglaterra.

 

Lo escrito por John Byron y  John Burkeley forman parte del florecimiento de la llamada “Colonial Library”, dedicada a realzar las expansiones territoriales del  Imperio Británico.  Los comentarios literarios sobre  “El Naufragio de la Fragata Wager”,  señalan: es un libro que se caracteriza por el desaliño en el estilo y por la falta de orden y claridad en el exposición de los sucesos.  Claro que en su tiempo, este libro,  fue  tanto o más leído que el mismísimo Robinson Crusoe.  El mayor de su hijos es el padre del poeta inmortal,  que dio forma en sus versos,  a las más altas expresiones de la poesía inglesa del siglo XIX.  Lord Byron recordaba siempre con  predilección a su abuelo navegante.

 

La edición más conocida en  Chile del libro de Byron,  fue publicada el 1955 por  Zig-Zag.  Con una excelente acogida de los lectores chilenos;  no sólo por las aventuras del jovencito Byron de apenas dieciocho años y el naufragio de la “Wager”; si no que además en su condición de prisionero  de los españoles, nos entrega una visión muy  atractiva por su descripción de la sociedad chilena  del siglo XVIII.  El grupo de cautivos, con el capitán David Cheap a la cabeza, tuvieron un trato deferente, teniendo acceso a los salones  donde se reunían los aristócratas coloniales en Chiloé, Valparaiso y Santiago.

 

De reciente edición, nos encontramos con la publicación “Encuentro de dos Mundos”,  cuyo editor es Diego Carabías Amor, investigador que el año 2008,  estuvo en las islas del Golfo de Penas  en la búsqueda de los restos del naufragio.

 

El año 2006,  la  editorial natalina “Fiordo Azul”, publicó la versión en inglés del libro. Ello,  por la necesidad de ilustrar a los turistas que viajan entre Puerto Montt  y Puerto Natales los hechos acaecidos en  1741 en  las islas del Golfo de  Penas.  La editora del libro fue la pedagoga de lengua inglesa, María Valentina Arriagada M con  las acertadas ilustraciones del docente  Angelino Soto Cea.